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Huete: Eremitorios - Agujeros de Carcunda y La Llana

 

EREMITORIOS

 

AGUJEROS DE CARCUNDA

 

A unos dos kilómetros de la población, hacia la mitad de la ladera de una meseta que se eleva sobre el valle del río Mayor, se encuentran los denominados Agujeros de Carcunda que son una serie de cuevas o covachas alineadas horizontalmente cuyas entradas quedan protegidas por un resalte que ofrece la parte superior de la roca.

Estas cuevas talladas en roca arenisca son habitáculos de poca profundidad y altura que sirvieron de celdas eremíticas. En algunos de ellos se advierten petroglifos de simbología cristiana.

 

En este paraje se encuentran varias oquedades y nichos, así como cruces y signos cristológicos de diverso tipo, semejantes a los que se encuentran de esa época en otros eremitorios cercanos, como por ejemplo los situados en las poblaciones próximas de Garcinarro y Caracenilla. Incluso en el propio término de Huete no son estos los únicos testimonios de esa vida eremítica, tal y como veremos a continuación.

En este paraje se encuentran varias oquedades y nichos, así como cruces y signos cristológicos de diverso tipo, semejantes a los que se encuentran de esa época en otros eremitorios cercanos, como por ejemplo los situados en las poblaciones próximas de Garcinarro y Caracenilla. Incluso en el propio término de Huete no son estos los únicos testimonios de esa vida eremítica, tal y como veremos a continuación.

El origen de esta dispersión de cenobios o eremitorios en este territorio se debe a San Donato, monje del siglo VI, fundador y abad del Monasterio Servitano en Arcávica, la antigua ciudad romana de Ercávica (Cañaveruelas).

Donato era un monje del norte de África que hacia el año 565, cuando los cristianos empezaron a ser perseguidos por los vándalos arrianos, se trasladó al reino visigodo de Toledo llevando consigo setenta monjes y gran cantidad de libros. Se instaló en la ladera sur del yacimiento arqueológico de Ercávica, donde creó un ermitorio excavado en la roca en el que todavía se percibe la ermita rupestre alrededor de la cual se estableció su comunidad cenobítica.

Posteriormente erigió, próximo a este lugar, el Monasterio Servitano en el año 571.

La llegada de esta comunidad a tierras alcarreñas supuso un gran estímulo para la instalación y fundación de otras comunidades eremíticas, comenzando en un radio de acción cercano a Ercávica y siguiendo después hacia el sur en el entorno de Huete.

El establecimiento de eremitorios en la alcarria conquense es similar al que encontramos en otros conjuntos conocidos en la península como son los de La Rioja, el área Burgos-Álava y la montaña palentina, León, el grupo del Duratón, y en la bética el de Valdecanales en el término de Rus (Jaén).

El periodo en que se desarrolló el eremitismo en Cuenca comenzó a partir del siglo VI (el s.VII el de mayor auge) hasta el paulatino abandono de Ercávica y Segóbriga.

Cercano a estos eremitorios de Carcunda, sobre unas rocas que afloran en el valle del río Mayor, se encuentra otro cenobio en el que se distingue la entrada a una covacha excavada en una pared vertical de esta roca.

Vista de la roca con el hueco de entrada a la covacha

Entrada a la covacha

Además, en el espacio ligeramente inclinado existente en la plataforma rocosa situada a los pies de dicha entrada, se evidencia que una parte del suelo se encuentra tallada.

 

Camino del cerro de Alvar Fáñez se sitúa otro eremitorio con cruz incisa junto a su entrada.

 

EREMITORIO DE LA LLANA

 

Otro conjunto eremítico en el término de Huete es el de La Llana, que detenta tres cuevas y cuenta con la singularidad de poseer junto a ellas una hilada de hornacinas o nichos de variadas dimensiones tallados sobre las paredes verticales de las rocas.

 

Desconocemos la existencia de algún estudio determinante respecto al sentido de la existencia de los numerosos nichos, que se sitúan en muchos de estos eremitorios de época visigoda, para poder afirmar su significado.

Hay que tener en cuenta que el rito litúrgico hispanovisigodo difiere del romano, que se implantó a partir del siglo XI, por lo que estas hornacinas podrían formar parte de dicha liturgia visigoda.

En el caso de que así fuese, estos nichos suelen presentar una forma estrecha en anchura y alargada en altura que se remata con arco de medio punto en la parte superior, de estructura similar a una hornacina, edículo o altarcillo.

Tanto si estas hornacinas representasen para los eremitas altares en su estado actual, o bien si encajasen en su interior algún tipo de escultura (formando así una placa-nicho), podríamos interpretar el motivo de su existencia como altares-nicho. En cambio, para algunos estudiosos, estas hornacinas podrían haber sido utilizadas como credencias o para uso de lucernas de iluminación.

Los nichos en época visigoda eran concebidos como el elemento de la arquitectura religiosa para significar el espacio más sagrado, y desde el punto de vista simbólico sugerían la idea de triunfo y comunión mística con Cristo.

 

 

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Se muestra a continuación un mosaico con diversas fotos correspondientes a otros eremitorios existentes en territorio hispánico, entre los cientos de ellos ubicados en la geografía peninsular y establecidos entre los siglos VI y X, bien de origen visigodo o creados a partir de la repoblación cristiana de cada región de manera similar a lo que acontecía en las tierras conquenses, en especial en la comarca alcarreña.

 

 

 

 

Latitud: 40° 10' 3.0828" N
Longitud: 2° 40' 20.46" W

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